Las 3 razones por las que no llegas

      Te confieso que mientras estoy escribiendo estas líneas estoy pasando por algo muy incómodo: me siento el hombre más obeso del mundo. Siento que he perdido masa muscular y que la grasa de mi cuerpo se ha incrementado, sobretodo a nivel abdominal. Sé que tengo como 2 meses que no voy al gimnasio y ni siquiera en mi casa he hecho ejercicios. También sé que estoy comiendo un poco más en las noches y todo esto hace que me sienta el hombre más obeso del mundo, aunque quizá lo que tengo son unos 3 kilos de más.

    ¿Por qué te comento esto? Básicamente para que comprendas que también soy humano y para ver si puedes identificarte conmigo. Ahora bien, mi intención con este artículo no es aburrirte con infinidad de conceptos teóricos ni cuestionarte. Recuerda que el que se siente el hombre más obeso del mundo soy yo. Te expondré una serie de cosas que he podido aprender a lo largo de mi carrera y que quizá se relacionan contigo. ¿Bien?

      Existen tres razones por las que, a mi juicio, las personas no llegamos a nuestro peso deseado. Pero antes de compartirlas es muy importante que entiendas lo siguiente. Es "vital" que mantengas siempre en tu mente que yo no tengo la razón. Es solo mi opinión. No creas nada de lo que diré a continuación ya que es sólo mi experiencia y no necesariamente deba ser la tuya.

       Estas tres razones son:

1) Falta de conocimiento.

    Recuerdo cuando estaba en tercer semestre y vi una materia llamada "Nutrición Humana", la cual consistía en la base de toda la carrera. Ahí aprendería algo que me intrigaba desde que ingresé y que para mi era algo así como el "Santo Grial". Ahí me enseñarían de una vez por todas qué, cómo y cuánto debería comer para poner mi cuerpo como yo quería. Para mi era algo como tener el conocimiento en mis manos para vendérselo a alguien, y como vivimos en un mundo donde el físico y la vanidad predominan, pensé que podría hacer fortuna con ese conocimiento. Te imaginas tener el mapa del tesoro donde te explique todo paso por paso: las calorías, los horarios, las cantidades, los alimentos. Para mi eso era simplemente espectacular. Y comencé a hacerme dietas para mi. Pero la "fiebre" duró como dos semanas. ¡Qué inocente era yo! ¿Cierto?.

   Para ese entonces yo tenía 22 años y, no sé por qué, lo que quería era tener un cuerpo "papeado" como la mayoría de los chamos de esa edad. Quería saber qué comer y cuánto comer para tener un cuerpo que atrajera miradas femeninas. Entonces cuando estaba en clase de nutrición humana cada información que decían trataba de relacionarla con mi meta: ¡Ah es que una cucharada de azúcar tiene 60 Calorías! Debe ser por eso. ¡Ah es que el aceite de oliva tiene las mismas Calorías que los otros aceites! Debe ser por eso. ¡Ah es que el licor tiene casi tantas Calorías como la grasa! Debe ser por eso. ¡Ah es que no sabía eso del índce glicémico! Ahora sí voy con todo. Es decir, cada información la escribía, la relacionaba con mi meta y la aplicaba. Pero no por mucho tiempo. ¿Por qué? quizá porque era demasiada información y saturaba mi cerebro hasta el momento de no hacer nada y comía lo primero que se me antojaba cuando salía de clase. Era algo así como que estás leyendo este artículo, estás impactado(a) por las calorías del azúcar que te comenté, dices: ¡waooo! decides bajarle un poco al azúcar de ahora en adelante y te llama tu pareja a comer, te levantas de la computadora y ahí lo tienes: el jugo con full azúcar como siempre. 

     Siempre recuerdo una vez que acudí a un seminario cuando era estudiante. Era un seminario de nutrición para el control de peso. Me pareció muy interesante y aprendí algunos conceptos que no sabía. No obstante, cuando la oradora culminó su ponencia e invitó a todos al refrigerio, me pude dar cuenta de la falta de coherencia. El refrigerio consistía en pastelitos de hojaldre con queso crema, caramelos, chucherías y refrescos. Al entrar nuevamente al salón, la oradora comenzó con la segunda parte y seguía hablando de lo sano que deberíamos comer: consumir vegetales, frutas, menos frituras y menos azúcar refinada. En otras palabras, lo que ya todo el mundo ha escuchado. A eso se levanta una señora del público y preguntó: ¿por qué no nos ofrecieron en el refrigerio todo eso que nos está diciendo?. La oradora, más preocupada por decir toda la teoría que se había aprendido en lugar del sentido común, se quedó callada. 

    Mi intención con esta anécdota no es criticar a nadie. Tampoco deseo que me malinterpretes: el conocimiento es sumamente importante. Hay muchas personas que lo único que le faltaba era información para alcanzar su meta. Personas que ignoraban que una botella de whisky aporta unas 3.000 Calorías en promedio y que por este detalle (tomar todos los fines de semana) no bajaban de peso. Pero aquí viene la parte ruda: el conocimiento sólo no te garantiza el éxito. Hay algo más.

2) Problemas metabólicos.

     La gran tendencia de las personas es pensar que si no logran resultados en una semana es porque tienen el metabolismo lento y culpan a su malvada tiroides. Si bien es cierto que existen ciertos problemas endocrinos que pueden interferir con la pérdida o aumento de peso en una persona, ésto ocurre en un pequeño porcentaje de los casos (5%). Hormonas como la insulina, la tiroxina, la testosterona, estrógenos y la leptina son algunas de las que intervienen y que si se controlan con un médico endocrinólogo ya está listo el asunto. Existen también otras sustancias como los "Químicos de Inhibición Endocrina" contenidos en algunos alimentos y en el que puedes ver mejor la explicación aquí.


      Una de las cosas que recuerdo es que cuando estaba en mis 20´s hacía un poco de ejercicio y tenía una respuesta muscular mayor a la que tengo ahora en mis 30´s. Si cuando tenía 22 años hacía pesas dos veces a la semana ahora debo hacerlas tres veces por semana para obtener los mismos resultados. Esto se debe en gran parte a la testosterona que influye en el desarrollo de músculo y va disminuyendo a medida que avanzamos en edad. A menor testosterona, menor músculo. A menor músculo menos consumo de energía por parte de éste y por ende aumento de peso si se mantiene el mismo consumo a través de la alimentación. Bueno, todo esto es la teoría.

3) Mente.

      Aquí es donde está el verdadero reto. Siempre veo con suma preocupación gran cantidad de profesionales de la salud que no le ameritan la suficiente importancia al factor mental. Pensamos que con decirle a una persona ¡deje de fumar! ya dejará de hacerlo. En lo que a mi respecta, yo cuando era recién graduado pensaba que con sólo calcularle las calorías a un paciente y elaborarle su dieta ya era suficiente. Le decía todo lo que tenía que hacer y luego llegaba a mi casa a comer lo que había. ¿Qué tal? Toda la teoría como que no me ayudaba mucho.

   Hay infinidad de casos en los que uno tiene todo el conocimiento (sabemos lo que tenemos que hacer), no tenemos problemas endocrinos (somos aparentemente sanos) y aún así no avanzamos. No sé si te ha pasado. Pienso que esto es porque a los humanos nos gusta complicar lo sencillo y simplificar lo complicado: aprendemos mucha bioquímica o empleamos equipos sofisticados para explicar por qué estoy gordo, cuando quizá lo único que me falta es hablar con alguien para desahogarme y equilibrar la tensión emocional, o por el contrario: lo veo todo fácil pensando que todo está en sacar algunas cuentas y decirle a la persona la cantidad de lo que comerá, cuando todos sabemos que los humanos no podemos ser explicados en su totalidad a través de unos números. Cuando los resultados no concuerdan con la teoría quedamos en el aire intentando inventar una razón. Estamos tan acostumbrados a explicar todo en base a lo que podemos ver, a la lógica, a lo que vemos del árbol pero, como no vemos las raíces, muchas veces creemos que no existe. 

      ¿Recuerdas cuando estabas enamorado(a)?. A esa misma edad de 22 años yo tenía una novia en la universidad. El único detalle es que ella vivía a unas 3 horas de mi casa (sin cola). Yo tenía que tomar una camionetica para ir de mi urbanización al pueblo, otro autobús del pueblo al otro pueblo donde estaba el terminal. Un autobús desde ese terminal hasta Caracas y por último otro autobús desde Caracas hasta los altos mirandinos, que era donde ella vivía. Si conoces Venezuela puedes saber la distancia para un estudiante desde Santa Lucía del Tuy hasta Carrizal. Pero yo iba porque estaba enamorado, y como estaba enamorado nada me parecía sacrificado. La lógica de la cola, de los autobuses, del calor, de irse parado en el bus y demás excusas se había desaparecido y reinaba la emoción, la parte irracional. Ésta, amigos míos, es la que muy pocos valoramos y por esto es que la gente comienza bien algo y para. Comienzan otra vez y paran. Intentan un poquito más y paran. Porque no están enamorados. Porque hacen algo por moda y no por pasión. Actualmente, cuando ya ese amor pasó, me pongo a pensar fríamente y digo: ¡qué pereza lanzarme ese viaje!. 

        Si has intentado de todo para lograr el peso que deseas y no lo has obtenido puede ser que tengas que reprogramar tu mente. Y esto lo digo con mucha responsabilidad sin meterme en campos de psicología. Quiero que pienses conmigo por un momento. ¿Qué programa operativo tiene la computadora por la que estás leyéndome? Supón que sea Windows XP. ¿Puedes hacer operaciones exclusivas de Windows Vista si tienes instalado Windows XP?. La respuesta es "NO", a menos que desinstales el programa e instales el nuevo. La mayoría de las personas tenemos un programa instalado en nuestra mente y es la que nos condiciona incluso de cuánto pesaremos. Queremos obtener resultados distintos sin desinstalar el programa. Y por esto nos frustramos. Es como un termostato en el que tu mente hará lo necesario para quedarse en el peso que tú le ordenes. Puedes decir: ¡quiero bajar 20 kilos de grasa o aumentar 5 kilos de músculo! pero si realmente no crees que lo lograrás entonces no lo lograrás. Y si lo logras entonces actuará el tesmostato para regular nuevamente el peso. Si no te convenciste mucho permíteme contarte lo que me pasó una vez con una paciente que había durado 30 años con 20 kilos de más y, cuando por fin los bajó, aumentó de nuevo porque en su mente ella pesaba 20 kilos de más. No creía ni se imaginaba con el nuevo peso. ¿La Causa? Bueno, puedo decirte que seguía comiendo tal como le prescribí y sus exámenes hormonales siempre resultaban bien. 

        Recuerda no creer en nada de lo que te estoy diciendo, pero he descubierto algo que quizá, si lo analizas, pueda resultarte con sentido. Cuando hice la maestría de Nutrición Humana una de las cosas que me decían era que tenía que ser "objetivo" y siempre tenía que basarme en evidencias científicas antes de afirmar algo. Esto es porque el campo de la nutrición está plagada de mitos por doquier. Sin embargo, a estas alturas te puedo decir muy responsablemente que ni tú ni yo somos objetivos y jamás lo seremos. ¿Por qué? Porque la emoción siempre predomina a la lógica. Y si tienes dudas de lo que acabo de afirmar permíteme preguntarte ¿quién es la mejor madre del mundo? seguramente dirás: ¡pues la mía!. ¿Me prestarías atención si uso unos cuantos estudios científicos para demostrarte que tu mamá no es la mejor madre del mundo? A menos que tengas un conflicto "emocional" con ella seguramente me dirás: ¡qué absurdo!. Con todo esto no quiero decir que las investigaciones científicas no sean de utilidad, también sería tonto decir eso. Sólo quiero expresar que sería absurdo explicar toda la nutrición mediante la lógica sin tomar en cuenta las emociones del individuo. He comprendido que la mente es un campo fértil en el que cada pensamiento germina sin importar si es un pensamiento falso o verdadero. Sin importar si es un pensamiento positivo o negativo. En la mente germina todo lo que le siembras. Por esto es que si me dices que no puedes bajar 20 Kg, ¡tienes razón!. Si me dices que bajarás 10 kilos de aquí a navidad, ¡también tienes razón!. Si dices que las cosas están malas en el país, ¡tienes razón!. Si dices que todo está bien, ¡también tienes razón!. Porque no hay verdades absolutas, todo son ruidos que dependiendo de cuánto se repitan en tu mente se convertirá en una verdad. Si no, ¿cómo se explicaría el efecto placebo en personas que se curan tomándose una cápsula que contiene azúcar en lugar de acetaminofén?. ¿Cómo explicarías el hecho de que con música rendimos más en el ejercicio que sin música?. ¿Cómo explicarías las grandes curaciones de personas que tenían toda la "lógica" en su contra? El poder de la mente es más grande de lo que creemos y si quieres saber más de este tema te invito a leer un libro llamado "El Poder de la Mente Subconsciente" del Dr. Joseph Murphy. Aquí el mismo autor explica cómo se curó de un sarcoma (cáncer) sólo usando el poder de su mente. Es uno de esos libros que, no sé por qué extraña razón, no lo recomiendan leer en las universidades, y más en las carreras relacionadas con la salud.

     Ya para terminar, seguramente te habrás dado cuenta que el mundo está lleno de incoherencia, incluyéndome por supuesto. Es precisamente porque nuestros actos son regidos por nuestro software (mente) y no por lo que decimos que haremos.  Por esto es que existen médicos que fuman y beben, nutricionistas gordos que mandan dietas, psicólogos que están más locos que sus mismos pacientes, abogados envueltos en problemas legales, entrenadores deportivos obesos y odontólogos con dientes picados y/o amarillos. Si el conocimiento fuera todo lo necesario para tener éxito en la vida, ¿cómo explicarías esos ejemplos anteriores?. Tenemos que educarnos emocionalmente y reprogramar ese termostato que quizá sea lo que no nos permite avanzar. Para ello te ofrezco un programa llamado Nutrición Mental que intenta ofrecerte pautas para nutrir nuestra mente así como ya sabemos nutrir al cuerpo. Espero que te haya gustado este artículo y recuerda compartirlo con alguien que le pueda favorecer.

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